¿Por qué me pasan cosas malas?

Una de las cosas que hacen que nos resulte difícil manejar nuestros propios problemas y ayudar a los demás con los suyos, es que nos cuesta mucho aceptar el dolor. Es el invitado a quien nadie quiere, el visitante incómodo. El mal amado. Curiosamente, cuando las cosas nos va bien, nunca cuestionamos nuestra buena fortuna. ¿Quién se pregunta por qué le sonríe la suerte? Con el sufrimiento es distinto. Siempre pensamos que no lo merecemos. Tenemos la necesidad de creer que el mundo tiene sentido, una causa para cada efecto y una razón para todo lo que sucede. O bien, pensamos que somos la causa de todas las cosas malas que nos suceden Entonces, cuando las cosas no suceden según nuestros deseos, nos preguntamos: ¿por qué me pasan cosas malas? Algunas de nuestras respuestas pueden ser:
  1. Merezco las cosas malas que me pasan. Es un castigo porque soy un pecador. Si me portara bien, la historia sería distinta.
  2. La justicia divina viene con retraso, pero siempre llega. Los pecadores recibirán su merecido y yo seré recompensado. Hay que tener paciencia.
  3. Dios tiene sus razones para permitir que yo sufra y no soy nadie para cuestionarlo.
  4. Dios tiene un diseño particular en el cual encajan todas las vidas. Es como un rompecabezas en donde cada uno ocupa un espacio determinado. Su diseño requiere que unas vidas sean buenas y otras no. La voluntad de Dios es inescrutable.
  5. El sufrimiento nos convierte en mejores personas.
  6. Todo pasa para nuestro bien, aunque en su momento no podamos advertirlo así. Todo tiene un propósito, ¿quién soy yo para discutirlo?
  7. El sufrimiento nos pone a prueba y Dios nunca nos manda más de lo que podamos soportar.
  8. La verdadera vida está más allá, después de la muerte. Este mundo es un valle de lágrimas. En el paraíso tendré mi recompensa.
  Todas las respuestas se parecen en un aspecto. De una o de otra manera, todas suponen que Dios es la causa de nuestros sufrimientos, que de alguna manera él los ha provocado o en su defecto los ha permitido. Pensando así, es justo tratar de descifrar la voluntad divina. Y sin embargo… Algunas cosas suceden sin razón, porque el azar es otra forma del caos. Los acontecimientos del universo siguen a las leyes naturales y las leyes naturales no hacen excepciones con la gente buena. La ley de la gravedad, por ejemplo, afecta a todos, justos e injustos, pobres y ricos, buenos y malos. La naturaleza es moralmente ciega, no tiene valores. Dicho de otro modo,  Dios es ajeno a nuestros sufrimientos y sus causas son simplemente que la vida es así. Sufrimos porque estamos vivos. Dios no se ocupa de nuestras vidas. Somos nosotros los que tenemos que hacernos cargo de las nuestras. Algo que nos distingue del resto de los seres vivos, es que podemos hallarle un significado a nuestro dolor. Preguntarse por qué me sucede esto a mí; qué hice para merecer esto; por qué Dios me castiga de esta manera, son preguntas inútiles y no llevan a otro sitio sino a la desesperación. Son preguntas que se orientan en el pasado. La pregunta correcta es aquella que se orienta hacia el futuro: ahora que me ha sucedido, ¿qué voy a hacer al respecto? ¿ A quién resulta útil este sufrimiento? ¿Me sirve para crecer o paralizarme? Los hechos de la vida y la muerte son neutrales. Con nuestra respuesta le damos al sufrimiento un significado positivo o negativo.   Fuente: Cuando a la gente buena le pasan cosas malas, Harold Kushner

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