La gratitud, el regalo de recordar

La gratitud despierta al corazón al respeto y al amor.

A la mayoría de nosotros, nos resulta fácil sentir gratitud hacia la naturaleza, hacia las maravillas del mundo natural.

Ofrecemos nuestro agradecimiento a la tierra por todo lo que produce para nutrir a los seres vivos, al agua por fluir constantemente y satisfacer la sed de todo cuanto posee vida, al fuego, por quemar impurezas y darnos calor, al viento por soplar y mantener limpia la atmósfera, al sol, por permitir que la vida sea. La naturaleza es una gran donante y da silenciosamente. Nunca hace exhibición de todas las cosas que nos ofrece. Ella da un gran consuelo. En realidad no importa si está lloviendo o si el sol brilla con intensidad. La naturaleza da exactamente lo que cada ser vivo necesita.

Es fácil ofrecer agradecimiento a la naturaleza; no obstante, cuando se trata de nuestra propia vida, es un poco más difícil ser agradecido. Estamos preparados por lo regular para pensar en lo que nos falta y no lo estamos para darnos cuenta de lo que tenemos. Sin embargo, está en nosotros romper este hábito. En lugar de dirigir nuestra atención en la ausencia, en lo que no hemos recibido, en lo que no nos ha sucedido dentro del marco temporal de nuestras expectativas, podemos darnos cuenta de todas las cosas que nos han ocurrido. Rompamos el hábito de pensar constantemente en lo que no tenemos; pensemos en las grandes bendiciones que han salido a nuestro encuentro.

¿Alguna vez hemos pensado en agradecernos a nosotros mismos? ¿Hemos pensado en darle las gracias a nuestra propia mente? ¿A nuestro corazón? ¿A todo nuestro ser? No desde el punto de vista del ego, sino simplemente estar agradecido por todo lo que nuestro cuerpo ha soportado y por la forma en que constantemente nos apoya en todo lo que queramos hacer. El cuerpo tolera muchísimo. ¿Le estamos agradecidos a nuestra existencia física en este mundo? ¿Lo hemos visto alguna vez con un amor libre de deseos? ¿Le hemos dado las gracias alguna vez?

A través de tu gratitud, estamos haciendo la promesa de que continuaremos protegiendo la luz que se encuentra dentro de nuestro ser.

La gratitud humedece al corazón, y cuando el corazón está humedecido de esta forma, crecen las virtudes.

Enumeremos nuestras bendiciones. Agradezcamos a nuestro cuerpo, a nuestra mente. Recordemos todo el amor que hemos recibido en este universo, toda la gente que ha colaborado para que nuestra vida brille. Recordemos a la naturaleza que nos enseña todos los días. Recordemos las cosas que han salido a nuestro encuentro. Dejemos que la gratitud limpie toda la fatiga; recordemos lo bueno que impregna nuestra vida.

Fuente: Llénate de entusiasmo, Swami Chidvilasananda.

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