El Tao es el camino

Lao-Tse es uno de los personajes más debatidos de la historia, a pesar de que se le considera uno de los filósofos más relevantes de la cultura china. Su aparente legado, el libro Tao Te King, se convirtió en la base del taoísmo, que promueve un estilo de vida basado en la naturaleza, la sencillez y la no violencia.

Muy poco se conoce sobre su vida e, incluso, hay quienes afirman que se trata de un personaje ficticio. De hecho, Lao-Tse también es un título honorífico compuesto por dos sinogramas: el primero significa “anciano” y el segundo es un antiguo título de respeto que se aplicaba a los eruditos más virtuosos; por lo que su nombre significa “viejo maestro”.

Lao-Tse, conocido también como Lao Tzu o Lao Zi, era el responsable de los Archivos en la Corte Imperial de Chou en la provincia de Honan en el siglo VI a.C. Algunos archivos históricos señalan que enseñó personalmente a Confucio en su vejez, mientras que otros mantienen que falleció antes del nacimiento de Confucio.

Según la leyenda, cuando Lao-Tse estaba a punto de jubilarse, montó en su caballo (otros relatos mencionan un búfalo) y comenzó a cabalgar hacia el oeste hasta las regiones desérticas de China. Cuando el guardián de la frontera de la provincia de Ch’in le pidió que escribiese sus pensamientos para que pudiesen ser transmitidos a la humanidad, Lao-Tse se sentó durante dos días y escribió el Tao Te King. Después de entregarle la obra al guardián, cabalgó hasta el desierto y nunca más se le volvió a ver.

La mayor parte de los investigadores coinciden en que se desilusionó de la sociedad china y desapareció en el oeste; no obstante, antes de partir, dejó al último guardián del Reino Medio unos escritos con su sabiduría. Esto es consistente con las costumbres de los antiguos ermitaños taoístas que abandonaban la sociedad para unirse a la Naturaleza y hacerse uno con el Tao. Una leyenda dice que Confucio fue discípulo de Lao-Tse y que se quedó tan impresionado con la sabiduría del anciano sabio que le comparó con un dragón ascendiendo a los cielos entre nubes y viento.

El Tao Te King, la obra literaria más traducida del chino, tuvo una enorme influencia en el pensamiento y la cultura orientales.

Algunos relatos dicen que fue redactado hacia el año 300 A.C. y parece ser una antología que recoge antiguas enseñanzas, aunque la densidad de su estilo sugiere que es obra de un único autor. La mayor parte del libro está compuesta por rimas y puede ser leído como un largo poema filosófico. Enseña que “el camino” del mundo se realiza con mayor aprovechamiento abandonando las categorías y los valores a favor de la percepción espontánea.

El taoísmo promueve la idea del wu wei ( no hacer nada); es decir, aprender a fluir con el mínimo esfuerzo —a diferencia de la mentalidad occidental, que promueve la perseverancia contra viento y marea—. Sin embargo, tan importante como perseverar es saber cuándo ha llegado el momento de abandonar y cambiar nuestros planes. Muchas personas han fracasado, volviendo al punto de retorno, simplemente, porque se han empecinado en seguir con sus planes, sin percatarse de que era momento de cambiar.

El taoísmo es una filosofía que nos anima a confiar en el curso de los acontecimientos, nadando a favor de la corriente, nunca en contra. Por eso, Lao-Tse afirma que, a veces, los obstáculos que encontramos son signos de que no vamos por buen camino. En ese caso, en vez de empecinarnos en seguir adelante, lo más inteligente es detenerse y dar un paso atrás. Al igual que hacen los pintores, esa distancia nos permitirá ver el cuadro en perspectiva y decidir qué es lo más conveniente.

El libro del Tao

La suprema verdad procede como el agua.

El agua llega a todas las cosas y las favorece, porque no busca el poder.

El agua permanece en los lugares que otros desdeñan.

Esto hace que se parezca al Tao.

Viviendo halla la alegría de vivir.

Sintiendo encuentra el sentimiento.

Siendo amigo de todos encuentra la armonía.

Ama la veracidad en sus palabras.

Ama el orden y la justicia en el gobierno.

Actúa con justa medida y es oportuno en la acción.

Así, al no haber lucha, no se impone, no existe el daño.

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