Disminuir los deseos

Sólo con el corazón se puede ver bien,

lo esencial es invisible para los ojos”.

Antoine de Saint Exupéry

(El Principito)

Siempre habrá cosas que no nos gusten, que estemos en desacuerdo y que nos pongan los nervios de punta. ¿Pero por qué no puede ser la realidad como queremos? ¿Por qué existen personas que piensan distinto a nosotros? ¿Será un castigo del cielo? ¿Será que al Universo le gusta vernos mal? Por más esfuerzos que hagamos, temo que la realidad no será exactamente como la deseamos. Y es que los deseos son esos duendes traviesos que nos nublan la mente. “Si yo pudiera estar allá”… “si me hubiera contestado de otra forma”… “si no hubiera tanta violencia”… “si tan sólo mi pareja fuera más detallista”…

Queremos que todo sea como lo deseamos. Y esto nos causa frustración, estrés, ansiedad, estamos irritados todo el tiempo y actuamos de forma torpe. Ver la realidad tal como es, es una enseñanza oriental que nos invita a disminuir los deseos y a mirar de otra forma, con la menor carga de expectativas posibles. Pero, ¿cómo hacerlo cuando la realidad no nos gusta? Disminuir los deseos es una tarea difícil, más cuando tenemos tantos distractores en el exterior. Tantas cosas que las revistas nos dicen, la televisión, las redes sociales, los anuncios comerciales: para ser feliz necesitas una casa grande con jardín, un carro de último modelo, el celular más reciente, una pareja e hijos, una profesión que te lleve al éxito, cremas que te hagan lucir más joven, ese maquillaje que te quitará todas las imperfecciones. Prácticamente, estamos rodeados de una feria de deseos todo el tiempo.

¿Y si esto no fuera la felicidad? ¿Y si la felicidad fueran aquellas cosas sencillas que no anuncian en los medios comerciales? “Lo esencial es invisible para los ojos”. ¿Y qué es lo esencial? Aquellas cosas que surgen de la naturaleza espiritual: un abrazo, una sonrisa, tomar un café en la ventana mientras amanece, hablar con alguien querido, pisar las hojas secas del piso, oler la tierra húmeda cuando llueve, la mirada de nuestros hijos, de nuestros padres, de nuestros animales de compañía. Agradecer cada cosa que tenemos, y vivir un día a la vez. Escuchar esa música preferida y bailarla, intentar que cada pensamiento que tengamos sea un poquito más cargado de creación y no de destrucción.

Los deseos sólo nos llevan a la frustración, y desde ahí no se puede crecer. Es un lugar estancado, lleno de angustia y estrés. Desear algo que no tenemos, es no disfrutar lo que sí tenemos. Toma un momento de atención y observa todo lo que hay a tu alrededor, todo lo que compone tu vida; desde tu cuerpo, que aunque quizá no sea como lo quieres, te ayuda a vivir y disfrutar de todo lo que ocurre alrededor. El lugar donde te encuentres, que quizá te gustaría más grande, más limpio, más silencioso, con menos o más personas; sin embargo, el hogar es algo que no depende del espacio, depende de la condición del corazón. Las personas con las que interactúas, que quisieras que fueran distintas, que cumplieran tus deseos, tus expectativas; piensa si existiera un problema y todos tuvieran que ayudar, seguro que las expectativas y deseos quedarían en segundo plano, porque en el fondo nos necesitamos como comunidad y aunque seamos tan distintos, tenemos algo en común: el querer ser felices y estar bien.

Lo que te dicen que deberías tener en contra de lo que quieres tener. Los deseos vienen de aquello que nos han enseñado que debemos ser, obtener, expresar, mantener. Cierra los ojos un momento, toma un respiro, y pregúntate qué es aquello que realmente quieres ser. Agradece cada elemento que habita en tu vida en este momento, deja en paz esos deseos que vienen del ego, y permite que hable más la naturaleza espiritual. ¿Qué es aquello que quieres hacer si fuera el último día de tu vida? ¿Qué nombres permanecerán en tu corazón? ¿Qué olores, sabores, miradas estarán presentes? Y quédate con eso, sin expectativas, sin deseos que lleven a la frustración.

Sólo ser, con toda la vida llena de momentos invisibles para los ojos.

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2 comentarios en “Disminuir los deseos”

  1. Admiro tu inagotable fuente de inspiración, orientada a cumplir con tu propósito. Promueves un pensamiento sano, optimista. Eso es un regalo para el mundo. Que todos logremos liberarnos del deseo que nos desenfoca la sencillez de la vida.

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