¿De qué hablamos cuando hablamos de iluminación?

La Real Academia Española nos dice que iluminar viene del latín iluminare, y significa, entre otras cosas, ilustrar el entendimiento con estudios o ilustrar interiormente a las criaturas.
Quienes describen experiencias de iluminación nos hablan de un cambio de paradigmas; es decir, ven el mundo de manera distinta a como lo apreciaban antes de la experiencia. Muchos afirman que su sentido de la individualidad ha cambiado de forma permanente. Siguen siendo quienes eran y al mismo tiempo no lo son. Siguen con sus vidas y sin embargo ya no se identifican con su cuerpo ni con su mente.
La iluminación es una aspiración de muchos buscadores. Hay quienes creen que sucede al momento de nacer, otros afirman que la iluminación se da o no dependiendo del karma acumulado y no resuelto. Hay quienes lo describen como el resultado natural de una práctica seria y permanente y también quienes piensan que le puede suceder a cualquier persona, en cualquier lugar y circunstancia,  cuando percibe su verdadera naturaleza. Incluso algunos maestros han llegado a decir que la iluminación no existe como tal, pues no hay seres separados. En otras palabras, todos estamos iluminados pero no lo sabemos.
Como quiera que sea, la experiencia es exclusiva y particular de cada individuo, y está influida por factores como la tradición espiritual a la que se pertenece, el país en donde se vive, el temperamento cultural, las experiencias de vida, etc.
No obstante, parece ser que ciertas características son comunes a todos aquellos que han despertado espiritualmente.

Trascender el ego: La experiencia de la iluminación trastoca el sentido del yo; hay un cambio de conciencia, que pasa de lo individual a lo total. El yo deja su sitio para ocupar el de nosotros. Es como si la ola particular y solitaria que creemos ser se fusionara con el océano, uniéndonos al infinito. Por supuesto que el individuo, el ego y la personalidad continúan existiendo, pero el iluminado ya no se identifica con ellos.

Intemporalidad y espaciosidad: Con la iluminación, da comienzo una existencia que nace a cada momento. Hay un profundo darse cuenta de que lo único constante es el cambio y que por lo tanto, el momento presente es cuanto hay. Y se vive con plenitud.

Aceptación: El buscador iluminado se da cuenta de que todo sucede de acuerdo con un plan que sobrepasa su voluntad individual. El esfuerzo por controlarlo todo da paso a la aceptación de una realidad libre, en la que no existe el apego a los deseos, pensamientos y sentimientos personales.

Claridad: La mente iluminada es espontánea, rauda y flexible. El pensar es claro, no está contaminado por pensamientos o emociones superfluas. Se evita el parloteo mental.

Derrumbe de las nociones preconcebidas: La rigidez, las expectativas, las ideas e imágenes preconcebidas son asuntos del pasado.

Muchos son los senderos. La meta es una.

Es tarea de cada uno de nosotros descubrir nuestros propios caminos hacia la realización, la paz y la felicidad. Es un trabajo que bien vale invertir una vida.

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