Cuando el desánimo te alcanza

A veces te levantas sin ánimos de hacer nada. Te faltan fuerzas, motivos para caminar, energía para seguir andando. Simplemente te sientes en desconexión con el mundo y por ende, contigo misma. Las cosas que te emocionaban dejan de hacerlo y seguramente sientes una tristeza y cansancio interior inexplicables; empiezas a preguntarte si tendrás depresión, si será una tristeza pasajera o tan sólo la fatiga acumulada del trabajo.

La verdad es que a todos nos pasa en algún momento de nuestra vida esta desconexión, esta falta de entusiasmo. ¿Qué podemos hacer? Primero te recomiendo ser paciente contigo y cuidar de ti como si fueras un niño pequeño que necesita de mucho amor para sanar. En ocaciones somos muy exigentes con nosotros y queremos que nuestro cuerpo y nuestro espíritu reaccione como queremos y de la forma que deseamos. Pero a veces el espíritu se cansa y el cuerpo necesita relajarse. No hay una receta para sentirse bien, todos somos distintos y tenemos diversas formas de reponernos, sería ilógico que con tanta variedad de personas en el mundo existiera una única cura para el alma. Lo que sí hay, son algunos pasos que puedes seguir y experimentar para recuperarte y encontrar de nuevo el camino que te haga sonreír cada día. Tú le darás el matiz, los colores y el ritmo a cada paso, porque recuerda, cada persona es única e irrepetible, tu te conoces mejor que nadie, así que escucha tu cuerpo y sigue el paso que éste te dicte.

  1. Un día a la vez. Cuando estamos tristes o con desánimo, necesitamos ir lento, darnos nuestro tiempo y espacio para interiorizar y organizar nuestras emociones y pensamientos. No corras, los mejores resultados se logran con calma y tiempo.
  2. Escribe todo aquello que te agobie. La escritura es una gran aliada y una terapia fantástica. Toma una hoja de papel y escribe aquello que tu corazón sienta, todas las preguntas, dudas, inquietudes que tengas en este momento. No importa lo que hagas después con el papel, lo importante es que te desahogues y descargues tu sentir en la escritura, es posible que salgan algunos aspectos que no sabías que sentías y te ayuden a poder organizar mejor tus pensamientos.
  3. Realiza actividades que te gusten. Consentirte es la mejor cura para tu corazón. Nadie te cuidará mejor que tu mismo, así que piensa en algunas cosas que te hagan sentir protegido, amado, lleno de felicidad. Sí, lo sé, es difícil hacer actividades que te gusten cuando estás muy triste o desanimado. Recuerda, ten paciencia y ve un día a la vez; quizá no te emocione de la misma forma hacer algo que siempre te ha apasionado y que no tengas ganas de hacer nada. Lo entiendo perfecto. Pero si haces una pequeña cosa un día, y después al día siguiente otra, y al otro día una más, con el tiempo volverás a tomarle sentido ¡Inténtalo!
  4. Pídele al Universo que te guíe. ¡El Universo es mágico! Pídele que te marque el camino y te ayude a volver a tu centro. Puedes escribir aquello en lo que te quieres convertir, ¿Cómo sería una mejor versión de ti mismo? Pon debajo de tu almohada aquello que hayas escrito y confía en que el Universo te guiará. Aquí es importante señalar que es un trabajo conjunto, no esperes a que las respuestas lleguen solitas mientras no haces nada; poco a poco haz cosas para encontrar tu centro mientras el Universo te ayuda.
  5. Agradece. La gratitud es una práctica maravillosa. Generalmente vemos aquello que no tenemos y por ende la desolación aumenta; sin embargo, si vemos lo que sí tenemos, nuestra visión y actitud cambian por completo. Puedes empezar por agradecer tu vida, tu existencia misma: a tu cuerpo por funcionar todos los días, a tus sentidos por permitirte oler, ver, saborear, tocar, escuchar, percibir. Cuando enfocas tu atención en aquello que tienes y lo agradeces, permites que tu cuerpo se llene de hormonas que producen felicidad y bienestar, aumentando la paz mental y disminuyendo emociones que pueden ser destructivas para tu cuerpo.  Y todo esto con tan sólo una palabra: GRACIAS.

Para terminar, te contaré una pequeña historia que quizá te ayude en el proceso que estés pasando. En un momento de mi vida decidí mudarme de casa a un lugar más cerca del trabajo. Uno de mis gatos, Canelo, al llegar a la nueva casa se escondió debajo de la cama y no quiso salir más que para comer. Lloraba, estaba muy asustado y seguro extrañaba su antiguo hogar. Para él todo era diferente y no entendía porqué le habían quitado la seguridad de su casa. Un día, salió sigilosamente de su escondite y agarró con su boquita una cobija azul que le compré cuando era bebé y se metió con ella debajo de la cama, se acurrucó y se quedó otros dos días dormido encima de su cobija azul. Seguramente esta cobija le brindaba la protección que no encontraba en el ambiente y poco a poco fue perdiendo el miedo a salir.

Todos tenemos nuestra cobija azul, algo que nos hace sentir protegidos cuando el ambiente no lo parece tanto. Puede ser Dios, el amor del Universo, un propósito de vida que te entusiasme, un recuerdo que te fortalezca, una actividad que te relaje, incluso una persona o animal de compañía que ames. Busca esta cobija azul, y acurrúcate en ella para tener fuerza y  encontrar el camino de regreso a casa, tu centro, tu mejor versión.

De corazón, espero que lo encuentres, y cuando lo hagas, no dudes en compartírmelo, me encantará conocer tu historia.

Y recuerda, esto también pasará.

Te abrazo.

 

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