Chuang Tse

Chuang Tse, también llamado Chuang Tzu o Zhuangzi (369 – 298 a.C), es una figura importante en el taoísmo que vivió en uno de los estados del norte de China (al sur del río Amarillo) en el siglo IV. No se sabe mucho sobre su vida, aunque de las pocas referencias históricas disponibles surge un retrato de él bastante fuerte y consistente.

Esta personalidad distinta se ve más claramente en el libro que supuestamente escribió que se conoce con el nombre de El libro de Chuang tzu. Después del Tao Te Ching, es el texto más importante en la filosofía taoísta. Es mucho más largo que el Tao Te Ching, y está escrito no en forma corta, poética, sino en capítulos más largos llenos de historias, parábolas y alegorías. De esta manera expuso las primeras ideas de lo que se convertiría en la escuela Taoísta. Es fundamental en estas la creencia de que solo con la comprensión del Tao (el Camino de la Naturaleza) y viviendo en unidad, el hombre puede alcanzar la verdadera felicidad y ser verdaderamente libre, tanto en la vida como en la muerte. Ingenioso e imaginativo, enriquecido por imágenes brillantes, haciendo un uso juguetón de personajes mitológicos e históricos (incluyendo incluso a Confucio), el libro que lleva el nombre de Chuang Tzu ha sido saboreado durante siglos por los lectores chinos.

La tradición le atribuye el texto a Chuang Tse. La mayoría de los estudiosos de la historia de China están de acuerdo, sin embargo, que si bien es posible que haya escrito partes del texto, muchas otras partes del texto derivan de otros pensadores y sabios taoístas que lo siguieron.

Era una persona poco convencional que pensaba poco en el estatus social, la reputación o las apariencias. Fue crítico con el enfoque confuciano de la vida a través del ritual y la etiqueta, así como su alabanza constante de los “maestros antiguos” como modelos ideales. Era inteligente, listo e ingenioso, a veces hasta el punto de ser cortante. Se enfrentó directamente a los principales pensadores y practicantes de la filosofía china, señalando sus errores y equivocaciones, a veces burlonamente, pero también con gran humor. Mientras reverenciaba al “Viejo Maestro” y claramente recogía sus propias ideas del Tao Te Ching, no tenía ningún interés en la sociedad humana, el gobierno o la política. En cambio, prefería una vida “fuera de lo común” de la así llamada civilización, una vida más solitaria e individual que se asemejaba a un “bloque sin tallar” en lugar de la vida estilizada de alguien formado por las influencias controladoras del condicionamiento social.

Lao tzu y el Tao Te Ching proporcionan la instantánea del taoísmo en un formato fácil de digerir. Chuang tzu y el libro que lleva su nombre, sin embargo, ofrecen un viaje más profundo en el estilo de vida y la perspectiva del taoísmo como una filosofía de vida. El hombre mismo proporciona un modelo interesante, emocionante y a menudo entretenido para ese estilo de vida.

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Sus parábolas

Tanto Lao Tse como Chuang Tse no fueron sino autores de un sólo libro cada uno. El primero se ocupó de darle un título — Tao Te Ching , tratado sobre la Virtud del Tao—, mientras que al segundo ni siquiera se le cruzó por la mente hacerlo, de modo que hoy su obra se conoce únicamente como Chuang Tse . Si bien esta última es bastante más voluminosa que la de su padre doctrinario, quizás no es sino debido al desarrollo literario del que carece el epigramático Tao Te Ching . No obstante, abundan en Chuang Tse los mismos temas recurrentes sobre los cuales machacó tres siglos antes que él Lao Tse: la preservación de la vida siguiendo al Tao; la simplicidad y la quietud; la fuerza de la debilidad; la no-violencia; las sabiduría de parecer tonto.

En los treinta y tres capítulos del “Chuang Tse” nos encontramos con cientos de parábolas que, utilizando este recurso literario, transmiten una enseñanza taoísta ejemplificada en casos concretos de la vida diaria. Veamos algunas de ellas.

  • Revoloteaba alegremente; era una mariposa muy contenta de serlo. No sabía que era Chuang Tse. De repente despierta. Era Chuang Tse y se asombró de serlo. Ya no le era posible saber si era Chuang Tse que soñaba ser una mariposa, o era una mariposa que soñaba ser Chuang Tse

  • Hay un gran árbol; su tronco es tan grueso que sería muy difícil cortarlo. Ahí sigue al borde del camino. Los carpinteros que pasan por allí ni se dignan mirarle, pero muchos viajeros se cobijan bajo su enorme sombra. Así es el Sabio: de tan grande deviene en inútil, pero muchos se cobijan bajo sus palabras. ¿Por qué, entonces, va a ser perjudicial y malo no servir para nada?”

  • Un monero les dijo a sus monos:‘Les daré tres nueces por la mañana y cuatro por la tarde’. Los monos empezaron a protestar, diciendo que eso no era justo. Entonces, el monero les dijo: Está bien; les daré cuatro nueces por la mañana y tres por la tarde. De esta manera, los monos quedaron contentos.

  • El Mar del Norte y el Mar del Sur se encontraban siempre en el Centro. Como este los recibía muy bien, ambos quisieron gratificarle y se dijeron: “Todos los hombres tiene siete orificios que les sirven para ver, oír, comer. Este no los tiene; vamos a hacérselos”. Cada día le abrían un orificio. Al séptimo día murió.

  • Las extremidades de los patos son cortas pero si pretendes alargarlas, será con dolor. Las patas de las grullas son largas pero si las acortas, será también con dolor. Así lo que naturalmente es largo no necesita acortarse y lo que naturalmente es corto no necesita alargarse. De esta manera no será preciso quitar penas. Querer regular todo es vulnerar la naturaleza.

  • Si caminan juntos tres compañeros y uno se extravía, aún se puede llegar al final del viaje porque los extraviados son los menos. Pero si los que se extravían son dos, tendrán más trabajo en llegar a destino porque los extraviados vencen en número”.

  • La utilidad de la red está en los peces que coge. Cogidos los peces, se olvida la red. La utilidad de la trampa radica en los conejos que captura. Capturados los conejos, se olvida la trampa. La utilidad de las palabras está en las ideas que expresan. Entendidas las ideas, se olvidan las palabras.

  • Chu estuvo aprendiendo el arte de matar dragones y en ello agotó toda su hacienda. En tres años aprendió la disciplina, pero nunca halló ocasión para ejercer su habilidad. El sabio, aun lo necesario, no lo toma como necesario, de ahí que nunca guerrea. El ignorante, aun lo no necesario, lo toma como necesario, por esto tiene tantas guerras.

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