Aunque me veas dudar

Escucho tu llamado,

sin saber a dónde me llevará,

mi corazón sigue la voz

que me orienta a tu manantial,

aguas dulces de compasión,

de misericordia y de bondad.

No dejes de hablarme, Señor mío,

aunque me veas dudar;

aunque mi voz se quiebre

y mis labios se llenen de miedo,

no dejes de hablarme, jamás.

Que a pesar de la angustia

que tengo al seguirte,

me llena de paz y de anhelo

la imagen eterna al decirte que Sí.

No titubees al decir mi nombre, Señor,

que yo el Tuyo lo escribiré

entre montañas y rocas,

entre nubes y escombros.

No te vayas nunca Señor,

aunque me veas dudar,

aunque me veas dudar.

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