Agradecer a la violencia

Al leer el título te preguntarás por qué tienes que agradecer a la violencia, si es algo que turba la paz y quiebra todo aquello que toca. Es algo que queremos eliminar a toda costa y nos da miedo recibir. ¿Que no el objetivo es aumentar la paz y erradicar la violencia? Sí. Sin embargo, no tenemos el control de lo que pasa alrededor nuestro; pasamos por un puente y somos víctimas de robo, conocemos a alguien que ha sido extorsionado, alguien secuestrado, violado, asesinado. La violencia está ahí, y puede ser muy frustrante intentar no verla a pesar de que se viste de colores en los medios de comunicación para anunciarse.

Agradecemos todo el bien recibido y juzgamos todo lo que hemos padecido. Pero qué pasaría si no juzgáramos, si en lugar de eso agradeciéramos todo lo que la vida nos da, con sus buenas y malas, con todo, con toda ella. Sería distinto el enfoque que le damos al mundo, a los acontecimientos, a las memorias, a los malos sabores de boca. Simplemente, no habría malos sabores de boca, o durarían menos.

Por eso, agradecer a la violencia es algo que podemos incluir en nuestra práctica. Agradecer a la impunidad, a la injusticia, a los asesinatos, a los robos, a la esclavitud. Agradecer todo lo que se suscita alrededor nuestro.
Agradecer la violencia es quizá aceptarla, darle el espacio habitado. Verla tal como es, como una parte que existe alrededor nuestro. Quizá en aceptarla, aprendamos a observarla y dejar así de repetir los patrones que nos llevan al sufrimiento.

Por esto elaboré una carta a la violencia que nos pueda inspirar a trascender los estados mentales torpes, y lograr caminar por el sendero de la ecuanimidad. Espero que esta carta sirva en la práctica espiritual diaria.

Querida violencia:

Sé que a veces no queremos verte y te ignoramos cuando te sentimos y vemos en los demás. A pesar de esto, queremos nombrarte en este momento y darte las gracias. Gracias por hacernos valorar más los momentos felices, por permitirnos no rendirnos nunca para el logro de los objetivos; gracias violencia, porque nos has permitido juzgar de forma distinta nuestra vida y el entorno, porque cada día aprendemos la compasión que no tienes y esto nos da más fuerza para seguir de pie en el camino.

Gracias, porque con tu existencia podemos saborear mejor la tranquilidad y amor que habita en nuestro corazón al contemplar algo, al escuchar a nuestros seres amados, al caminar de forma lenta y continua, en tener esos momentos de gozo, que si no existieras, no podríamos disfrutarlos con la misma intensidad.
Gracias por ser nuestra maestra de paciencia.

Sin embargo, queremos violencia, de todo corazón, desear ser también tu maestra de paciencia, de amor y de compasión. Anhelamos que tú, violencia, aprendas que la guerra sólo trae más guerra; que el rencor no convierte a las personas en importantes, sino en torpes; que el poder no hace libre a la gente, la ata a su propia cárcel; que el perdón no es sinónimo de cobardía, sino de sabiduría; que la paz no es algo que esté fuera de moda ni se encuentra durmiendo en un cigarrillo setentero, la paz es algo que se come, que se vive, que se toca, que se huele y se transpira.

Por todo esto, y con toda la intención del corazón, te deseamos, violencia, que encuentres paz y serenidad, y que seamos capaz de igual forma de verte con ojos de compasión y aceptación.

Por la felicidad de todos los seres, que así sea.

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